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El sacerdote Ramón Rodolfo Olmedo escribió una Carta a los feligreses de Ushuaia

El sacerdote Ramón Rodolfo Olmedo escribió una Carta a los feligreses de Ushuaia

El presbítero Ramón Rodolfo Olmedo de 64 años, perteneciente a la Diócesis de Gregorio de Laferrere (Buenos Aires), escribió una Carta de despedida y al mismo tiempo de agradecimiento, en el cual, lo compartió para los feligreses que estuvo acompañando durante enero y parte de febrero en las parroquias Sagrada Familia y María Auxiliadora, donde entre algunas de sus palabras, destacó las experiencias que vivió al escuchar testimonios personales de algunas personas que se acercaron a él.

 

CARTA A LOS HERMANOS DE USHUAIA ("LA ISLA")

Queridos hermanos

Los saludo como lo he venido haciendo a lo largo de todos estos días:

"¡Que la paz de Dios este con ustedes!" Durante 40 días los he escuchado, me han hecho participar de sus alegrias y tristezas, de sus debilidades y fortalezas, de sus miedos y valentías, de sus anhelos y desilusiones, de sus perezas y generosos servicios... De su respeto y discreción. Ante los interrogantes y las inseguridades, que como Iglesia, anidan en sus corazones, les digo: Miren los montes que los rodean y recuerden las palabras del Salmo 120 y hagan suyas esas palabras:

"Levanto mis ojos a las montes: ¿de dónde me vendrá la auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra".

El rumbo que escogieron para sus historias y el lugar, el marco, que eligieron para realizarlas los han hecho fuertes, resistentes, con una gran capacidad de adaptación, lúcidos y creativos. Han sido temerarios (y eso no se pierde... Son temerarios). Porque apostaron a todo, aceptaron el desafío de no cargar nada y comenzar desde lo esencial.

Han dejado paisaje, cultura, familia, afectos y se aferraron a la esperanza... Nunca se olviden de ese momento, de esa ruptura tremenda con un antes, para lanzarse sin nada a construir un después; esta es la gran riqueza que poseen, el gran tesoro y la herencia que dejaran a las generaciones que vienen.

Como Iglesia, no se queden paseando por la orilla, mirando los pescados muertos... No se queden en la nostalgia, el enojo, la queja, el reclamo, el desconcierto, la perplejidad... Navegen mar adentro, y echen las redes.

Son capaces, estan preparados. Digan como Isaías: "¡Aqui estoy, envíame!" Tengan presente que solo sobreviviran, y seran buscadas, atractivas, las Comunidades que vivan el Mandamiento del Amor. No las que "recen mucho", las que tengan muchas "actividades pastorales", o "que tengan curas". No. Porque la Fe nace del Amor. La Iglesia es una Comunidad de Fe porque es una Comunidad de Amor.

Y ¿de qué se trata la Fe? De creer en el OTRO ¿Y cuándo le creo al OTRO? CUANDO EL OTRO ME AMA.

Finalmente, asumo alegremente, el compromiso de rezar por ustedes la oración colecta de este V° Domingo del T. Ordinario: "Dios nuestro, cuida a tu familia con incansable bondad, y, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza, defiéndela siempre con tu protección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.